jueves, 15 de noviembre de 2012

Al igual que nadie te regala libertad, nadie debería de quitártela.

Nada dura para siempre, y la verdad es que esto me encanta. Al próximo que me prometa un ''siempre juntos'', le cierro la puerta en la cara. No quiero candados en puentes ni bombones. ¿Qué chorrada es esa? Amores de película, así lo llaman. Y tan solo dura dos horas, pero eso es lo que quieren. Los adolescentes están cegados. Nos pasamos años y años pidiendo libertad a nuestros padres y al doblar la esquina nos encadenamos al primer niñato que pase. Lloramos y pasamos noches sin dormir por él, mientras él está de fiesta, y nuestros padres preocupados por nosotros en la habitación de al lado. Pedimos justicia, comprensión y empatía, pero despreciamos a las personas que de verdad nos quieren y nos lo ofrecen en bandeja. No sé que mierda le pasa a nuestra generación. 
Las niñas solo piden chicos ''Obey'', o tipo ''Justin Bieber''. Chicos de pelo perfecto, algunos con tatuajes y dilataciones, y como no, que te deje su sudadera. ¿Y esto por qué? Joder, yo quiero alguien que me quiera por lo que soy, que no me arrastre con él, que me deje libertad. No quiero que dependa de mi, ni yo depender de nadie. No quiero apariencias, quiero interiores. No quiero WhatsApp's quiero llamadas de teléfono. Y por supuesto, no quiero fechas, ni números, ni ser una de esas parejas como todas las actuales. No quiero nadie dejar de ser como soy, ni nadie que me cambie, porque yo no lo haré. Quiero que la gente no tenga ni la mínima razón para hablar sobre nosotros, porque al final, lo que acaba con las relaciones, son los rumores. Quiero confianza, quiero que me creas aún cuando todavía no has escuchado mi versión. Quiero fidelidad, aunque la tentación sea grande. No quiero mentiras, ni ilusiones, y no quiero grandes regalos. 

'' LA PERFECCIÓN DA ASCO ''